Lo que queda de la Hispanidad

 

España es una dictadura comunista como paso previo a un régimen orwelliano, en formato comunista, al servicio del Nuevo Orden Mundial. El régimen odia la hispanidad (leyenda negra promovida y propagada por nuestros enemigos externos e internos;  populismo en envase chavista propagado como la peste;  indigenismo que inocula el odio a la Hispanidad y a España, etc son herramientas que han utilizado para ello). Sin embargo, no todo está perdido y el proceso es reversible.

Lo que queda de la Hispanidad, externamente es cada vez menos, si bien, internamente, sigue incólume todo su poderío, a pesar de que España sea un estado fallido (algo que ya afirmamos y demostramos hace años y de lo que ahora, hasta los suizos se hacen eco).

Para entender la Hispanidad, hay que conocer y sentir España. Los hispanófobos, aglutinados ahora por el globalismo, obviamente no pueden  entenderla ni sentirla por su condición de seres  mediocres y limitados, volcados en  penúltimo fin que es acabar con España, aunque sea con gestiones criminales ante enemigos para la salud inexistentes que han provocado un genocidio manifiesto e innegable y un secuestro de la sociedad civil.

El futuro de España pasa por la Hispanidad y el del resto de naciones que la conforman, también, regidos por los inmutables principios de la ley natural.

España no precisa de organizaciones multinacionales al servicio de esas élites para prosperar, más bien al contrario. Continuar de su mano es ir muriendo.

Una Hispanidad fuerte no conviene a ese occidente demoliberal, socialdemócrata o comunista, degenerado y entregado al globalismo.

España debe mirarse, igual que el resto de naciones hermanas, en la Hispanidad e  implicarse y desterrar este mundialismo genocida, siendo pieza clave un tratado multilateral de tú a tu, haciendo hincapié en sus vertientes culturales y económicas (el resto vendrá por añadidura).

Para revertir la deriva suicida de España que en estas cuatro últimas décadas ha consistido en la infiltración comunista, la toma de poder comunista, la disolución y liquidación de nuestra identidad como Nación y la supresión de los símbolos ajenos al comunismo, como paso previo al cambio de un régimen social-comunista (esencilamente globalista) a uno comunista (e igualmente de tal filiación) se impone el proceso contrario.

Tal proceso antónimo debe partir de la sociedad civil, arramblando con los símbolos del actual régimen que anticipa otra degeneración peor (comunista), la toma de todo el poder por una fuerza soberanista (y por tanto identitaria) para refundar nuestra identidad nacional con el advenimiento de un régimen soberanista (en su vertiente más auténtica, que es el socialpatriotismo) que conjure, expulse y destierre todos los demonios del averno globalista.

En el caso de España, ya hemos visto dónde estamos: dominados por una élite política y económica, a cuyo frente hay gobierno lacayo del globalismo, golpista y genocida que nos tiene agarrados de los mismísimos con la excusa de la «Plandemia».  Y además, todo con la complicidad de todas las fuerzas políticas  en formato liberal y comunista, que es lo mismo, en tanto contribuyen a nuestra ruina en pos de su amo globalista.

No podemos limitarnos, como en el caso de Vox, a mociones de censura y enventos en modo caravanas de «cayetanos» y «manolos» en coche, en vez de acciones decisivas en la calle, en tanto las instituciones, sus estructuras orgánicas y el ordenamiento jurídico son elementos a superar, y no a apuntalar, como ellos mismos pretenden.

Mientras no consigamos romper ese círculo infernal, sólo habrá sumisión, pobreza, hambre, devastación, ruina y muerte y de ello serán cómplices todas las élites que viven de este régimen.

Eso sí, hay algo a favor del cambio: estamos en fase colapso y éso es un trampolín para las fuerzas antagónicas de la dicotomía globalismo-soberanismo.

Asistimos al fin de una etapa que anticipa otra mejor o peor para España en función de las fuerzas dominantes.

Vean este video (dividido en dos partes) tan tremendamente elocuente, capitulen y reconozcan el colapso.

Mientras el globalismo colapsa, todos ustedes, a diferencia de los perros, llevan bozal (como algunas musulmanas el burka). En un tiempo dejarán de hacerlo como muestra de rebeldía e imposición frente al enemigo. 

Reconocido el colapso, el primer paso es recobrar la autoestima, la confianza y la voluntad de sacrificio y consecución de objetivos para empezar a ser libres, nuevamente.