La Mareta: el chiringuito de Sánchez que paga usted (sí, usted)

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 53 segundos

Antonio Naranjo ya se encargó de destaparlo en El Debate: cinco veranos de Pedro Sánchez en La Mareta suman más de 230.000 euros, y eso dejando fuera el Falcon, la escolta y el propio palacio. Gastos sin justificar, invitados sin nombre. Lo llamativo no es que exista el gasto, sino que cada verano toque volver a preguntar lo mismo, porque la respuesta sigue siendo idéntica: silencio.

44.975,19 euros y ni una factura a la vista

Presidencia del Gobierno, presionada hasta la extenuación, ha «reconocido» —qué generosidad— que la estancia de Sánchez en La Mareta durante 2025 costó 44.975,19 euros, repartidos en:

  • 11.322,65 € en alojamiento
  • 22.711,41 € en manutención
  • 10.941,13 € en locomoción

Y, cómo no, sin incluir el dispositivo de seguridad, cuyo coste sigue siendo el gran secreto de Estado del verano. Porque en Moncloa hay una regla de oro: cuanto más bochornosa la cifra, más profundo el cajón donde se guarda.

¿Alojamiento en una residencia pública? Ilumínenos, por favor

La Mareta es de Patrimonio Nacional. Es decir: pública. No hay recepcionista cobrando la habitación, no hay minibar que facturar, no hay check-out. Y sin embargo, ahí están, tan panchos, 11.322,65 euros bajo el epígrafe «alojamiento». ¿Se hospedan en suites de lujo los asesores? ¿Paga la corte su propio hotelito paralelo? El Gobierno, fiel a su estilo, no contesta. Faltaría más.

Locomoción: cuando el avión militar no es suficiente

El presidente vuela a Lanzarote en aviones de las Fuerzas Armadas, que paga Defensa, no esta partida. Así que esos 10.941,13 euros de «locomoción» son, en realidad, otra fiesta aparte: coches, taxis, algún que otro capricho de invitados que se mueven por la isla como si fueran de crucero de lujo, todo cortesía del contribuyente. Que levante la mano quien tenga ese presupuesto para moverse un verano cualquiera.

Manutención: la partida VIP

Con 22.711,41 euros, la manutención se lleva la palma. ¿Marisco para todos? ¿Catering de autor para el séquito mientras el resto de España calcula si el melón de la compra sube o baja? Nadie lo sabe, porque a nadie en Moncloa le interesa que se sepa. El misterio, como el vino de la casa, corre por cuenta del Estado.

Hasta el Consejo de Transparencia se ha cansado

Que esto no es una obsesión de cuatro periodistas incómodos lo demuestra la Resolución 1403/2025, de 21 de noviembre, del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, que tuvo que ordenar —ordenar, no pedir por favor— a Presidencia que desglosara el gasto y dijera quiénes eran los invitados. Que un presidente necesite un mandato administrativo para contar en qué se gasta el dinero de todos no es transparencia: es que le han pillado con las manos en la caja y ha tenido que abrir el cajón a la fuerza.

Las preguntas que en Moncloa prefieren no oír

¿Quién paga las lanchas en las que Sánchez sale a pasear o a bucear? ¿Quién corre con el gasto cuando sus hijas se dan el capricho de las motos de agua, esa actividad tan «privada» como cara? Todo apunta a que ese ocio familiar se cuela en la factura pública disfrazado de «seguridad» o de «gastos confidenciales», las dos etiquetas comodín que en este Gobierno lo tapan todo. Mientras Sánchez no ponga las cuentas reales, sin maquillaje, encima de la mesa, La Mareta seguirá siendo el mejor ejemplo de cómo un presidente puede convertir el patrimonio de todos los españoles en su residencia de vacaciones particular, con barra libre incluida.

Por PxE